Quién soy

Empecé con 14 años mi actividad voluntaria en la intervención social, por conciencia de que había en mi entorno personas con menos oportunidades de las que yo tenía. Me dedico profesionalmente a ella desde hace más de 20, de los cuales 15 lo he hecho en la administración pública, desempeñando diferentes cargos de responsabilidad, atención directa y gestión.

Mis años de implicada vinculación relacional con las y los usuarios de los servicios sociales con los que he tenido la oportunidad de ir encontrándome, me han generado el interés por comprender las maneras diferentes y diversas de estar en el mundo de cada mujer y de cada hombre, y de cómo los mandatos de género permitían a unas y a otros desarrollar recursos y habilidades diversas para enfrentar las dificultades comunes cotidianas; dificultades siempre más duras para las que menos alternativas tienen.

Creí durante años que la revolución política y social era posible, (no niego que no pueda ser); pero los conocimientos adquiridos y la acumulación de experiencias biográficas me han colocado en la certeza de que sólo la revolución “oicótica” es posible, o sea, aquella que se hace en el campo de la privacidad, a través de la transformación de los territorios de lo íntimo. Es ahí y ahora, desde el deseo profundo de hacer lo que más me gusta y desde la fuerza que eso me da, donde he decidido poner mi energía, en la que creo que es la revolución feminista pendiente y sobre todo, y lo que es más importante, posibilista. Es por eso que he abandonado lo público para dedicarme desde lo privado a generar entendimiento sobre eso tan complejo que es ser mujer y ser hombre; y facilitar a quien así las solicite, herramientas para comprender, enfrentar y paliar las dificultades que la gestión del deseo de encontrarnos suele provocar.

Mi decisión ha sido un ejercicio de autodeterminación y empoderamiento. Empoderamiento no como ejercicio del poder (sustantivo), sino como las posibilidades de poder (verbo) que mi situación labrada de ciertos privilegios me posibilita en estos momentos.

Quiero a partir de ahora contribuir a la reparación del daño que la gestión de lo cotidiano genera en la mayoría de nosotras y nosotros, y sobre todo cultivar las posibilidades que el hecho de ser sujetos sexuados nos da, de vivir una vida más lúdica, divertida y placentera. Lo que constituye el epicentro de mi nueva actividad profesional: la atención de la sexualidad.

Sigo creyendo que la labor de los servicios sociales y las y los profesionales que en ellos desempeñan su tarea, es muy necesaria y por ello voy a seguir contribuyendo a su bien-hacer.